domingo, 12 de enero de 2014

DORDOGNE (o el día que descubrimos el cassoulet)

Una de las escapadas que recuerdo con más cariño es la que hicimos hace unos años a la Dordoña, y es  que no me quite durante el viaje la sensación de estar atrapada en un cuento. Imaginaos un paisaje natural, con la hierba muy cuidada y verde, rodeado de preciosas casitas y majestuosos castillos... 

La Dordoña se encuentra en la región de Aquitania (el antiguo Perigord) y es uno de los paisajes más pintorescos y bucólicos que hemos tenido el gustazo de visitar. Además de transportarte a otra década, es muy bonito para recorrerlo en bici, o darse unos buenos paseos para bajar las copiosas comilonas francesas. En cuanto a la fiesta, ya sabéis que los franceses son de irse a la cama pronto, así que más os vale madrugar y aprovechar el día.

Nuestra escapada comenzó en Sarlat, un pueblo muy señorial. Allí nos alojamos en un precioso hotel, pero lo que es comer... no encontramos ningún sitio fetén en todo Sarlat (no comimos mal, pero nos pareció que estaba todo demasiado "turisteado") Por suerte, hay buenos vinos en Francia y la comida siempre se digiere mejor con una buena copa agranatada...
(Sarlat)

Tras dos días en Sarlat, visitando cada rinconcito, partimos rumbo a otros parajes. Llegamos, casi por casualidad, a un pueblito perdido donde, curiosamente, hicimos el mayor de nuestros descubrimientos culinarios. Como siempre, nos costó adaptar nuestro spanish time al horario francés, así que andábamos tarde para comer. Mientras subíamos una empinada cuesta que nos dirigía al centro, de pronto vimos un pequeño restaurante familiar, no muy bonito. Estaba vacío, pero algún tipo de energía nos arrastró hacía  él. Al leer la carta (con más hambre que los pavos de Manolo), pudimos ver la palabra mágica: CASSOULET. Que sean dos... Desde entonces, aquel sabor es inolvidable para nuestros paladares, ¡nos supo a gloria!
Hemos de confesar que hacía un frío que pelaba y el cuerpo, muy listo él, no te pide lechuga para el buche, no, no, no... ¡Lo que queríamos era un cassoulet que nos abrigara los adentros! Pero... ¿Qué demonios es el cassoulet? Pues el nombre le viene de cassole, que no es otra cosa que cazuela. Es el plato rey de algunas zonas de Francia, como Toulouse, Castelnaudary o Carcasona. Aunque cada región tiene su propia forma de cocinarlo, todas las recetas se parecen bastante en algo: te lo metes a la boca y haces ¡¡uuummm!!
Como puede apreciarse en la foto, se trata de unas alubias blancas con bien de pato y salchicha. La alubia debe ser de piel fina, para que pueda impregnarse bien de los sabores de los demás ingredientes, y también carnosa. Juramos que es metértelas en la boca y deshacerse. Dicen que el secreto de este manjar está en la cocción, pues debe cocerse a fuego lento. Después, se espolvorea con pan rallado, se gratina ¡y listo para servir! Una auténtica delicia. Contundente, eso sí...

Tras comer opíparamente, otra vez de turné a ver castillos... Entre los pueblos que visitamos, se encontraban los bucólicos Saint Amand de Coly y Saint Jean de Cole, Bergerac, Beynac... ¡Un no parar de maravillas!

(Saint Amand de Coly)

Otra visita obligada es la Roque Gageac, un precioso pueblo muy conocido por su formación rocosa,   habitada en su día por seres prehistóricos. Si la visitáis, veréis claramente cómo lo tenían todo estructurado, y os haréis una idea de cómo vivían nuestros antepasados. Merece la pena.

(Roque Gageac)

Por supuesto, otra visita obligada es la pintoresca Rocamadour. Como podéis imaginar, el acceso en coche está complicado, pero existe un tren chú-chú que hace su negocio subiendo y bajando turistas, así que no preocuparse si padecéis de rodilla...

 (Rocamadour)

¡Ay, Rocamadour! ¡Qué bonitoooooo! ¡Y menuda cena nos pegamos! Ya que Canelón se había puesto su camisa nueva (para dar sensación de buen balance), fuimos a cenar a un bonito restaurante en el que no paramos de onomatopeyear ummmm durante toda la cena. Canelita pidió pato, acompañado de un deicioso puré de patata y hojaldre de verduras. Canelón, se decanto por un estofado de quitar el hipo... Y si  a eso le sumamos un buen vino francés, el resultado es una cena estupenda. (Después más os vale tomaros un gin tonic para digerirlo todo bien...)
No sé si has estado ya, o tienes pensado ir, pero nosotros guardamos un recuerdo maravilloso de la bucólica Dordoña, como para repetir todos los años.
Qué tendrá Francia que siempre me atrapa...
¿Te apuntas a una escapada de cuento?

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4 comentarios:

  1. Castelnaudary y Carcassonne... no me odieis...

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    1. Un pequeño lapsus lo tiene cualquiera....

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  2. por cierto, CRU D'EXCEPTION suena a música celestial.

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