martes, 9 de septiembre de 2014

EN LA SELVA BOLIVIANA A LO TARZÁN Y JANE...

Estuve cinco días en el paraíso. Puede que asociéis esta palabra a una playa paradisíaca, una piña colada y un confortable alojamiento, pero esta vez no hablo de eso...

Viví cinco días despeinada, sin baño ni agua caliente, ni tiempo para descansar. Caminé selva hacia dentro, pasando calor, buscando monos y serpientes, oliendo a chancho, esquivando a la temible hormiga bala, o aprendiendo a distinguir las huellas de un jaguar.

Todo comenzó en Rurrenabaque, a donde llegamos desde La Paz en un pequeño avión que parecía un juguete. El simple hecho de volar en él, auguraba que la aventura iba a ser de las que hacen mella.

Ya en Rurre, fuimos a la oficina de la compañía de tours Mashaquipe, un nombre que combina las lenguas quechua y takana. Allí nos esperaba Álvaro, el encargado de tramitar los papeleos y poner buena cara. Nos indicó quiénes iban a ser nuestros compañeros de viaje por esos 5 días, y sólo podemos decir que nos tocó la lotería con Damien y Julien, dos jóvenes ítalo-suizos la mar de simpáticos.

Una vez hechas las presentaciones del grupo, nos pusimos rumbo a la selva en una pequeña embarcación en la que me sentí como Katherine Hepburn en La Reina de África. El paisaje era precioso y, a pesar de haber madrugado, fui incapaz de cerrar los ojos, pues no quería perderme semejante maravilla.
Con Julien y Damien, guapos, simpáticos, inteligentes... ¡estos chicos lo tienen todo!

Al cabo de dos horas llegamos a nuestro rústico campamento, donde nos esperaban con un jugo refrescante que nos repuso del viaje. Tras almorzar la excelente comida del mejor chef boliviano (gracias Wilson por hacernos engordar...), caminamos por la selva con nuestro guía David, el mejor del mundo mundial. Aprendimos a hacer jugo de caña de azúcar, y lo bebimos en vasos de coco con un poco de limón. Gloria bendita.

De regreso nos duchamos bien para quitarnos las garrapatas que pueden alojarse de gratis en tu piel, y a dormir como niños. Nos acostamos bajo la mosquitera deseando que llegara el día siguiente, pues una gran aventura estaba por llegar... El despertador tocó diana a las 7.00, para poder dar una vuelta selvática y avistar aves tempraneras. Después fuimos a pescar y, para no achicharrarnos con el sol, construímos un perro sentado con troncos y hojas de bambú. Las lianas de la selva sirvieron como cuerda.

Aunque en un principio costó un poco, finalmente tuvimos suerte y dos peces gato y una trucha serían nuestra cena. De vuelta al campamento, volvimos a degustar los suculentos ágapes de Wilson y después, en un periquete, preparamos un macuto con una camiseta de repuesto, bañador y saco de dormir. ¡Tocaba pernoctar en las profundidades de la selva!

Caminamos unas tres horas persiguiendo chanchos, bebiendo savia que parecía leche, aprendiendo las propiedades medicinales de cada árbol... ¡Y también probamos las termitas! Ni pollo, ni pescado, sabían a madera. David incluso quiso que trepáramos una palmera para coger sus cocos, pero 15 metros sin arnés nos pareció demasiado.
Suculentas termitas en bandeja de hoja...

Llegamos al nuevo y modesto campamento de noche, y con la lumbre del fuego, preparamos los peces que habíamos pescado a la mañana, ¡saben mejor cuando los pesca una misma! David nos sorprendió con una buena cena, pues había que coger fuerzas para una caminata nocturna por la densa selva del Madidi. Íbamos en busca del jaguar.

Para no asustar a los animales, debíamos caminar sin hacer ruido, pero esa tarea es muy difícil para los que somos de asfalto y llevamos playeras de marca. A ratos, David nos pedía que nos detuviéramos y apagáramos nuestros frontales. En esos momentos escuchábamos a los animales salvajes, y el simple hecho de permanecer allí parados, observando la selva bajo la luz de la luna, era maravilloso. Una de las mejores sensaciones que he experimentado nunca.

Anduvimos durante tres horas pero ni rastro del jaguar... Eso sí, vimos muchas tarántulas a un palmo de distancia, no apto para aracnofóbicos... David se ofreció a seguir buscando al bicharraco, pero el cansancio apretaba fuerte, por lo que decidimos regresar. Nuestro saco de dormir nos esperaba sobre el duro suelo, bajo la única protección de una mosquitera transparente. Si el jaguar decidía acercarse, podríamos verlo, aunque yo casi preferí que ni se arrimara...

Amanecimos descansados y con ganas de más, así que, tras el desayuno, bajamos al río dispuestos a fabricar nuestra propia masha (balsa en lengua takana) para practicar "rafting". Por suerte, David nos ayudó bastante en la construcción,  y pudimos descender el río en balsa sin que la masha se rompiera en pedazos.

Con pena, llegó nuestra última tarde en la selva, que dedicamos mayormente a pescar y parlotear como loros. Al día siguiente tocaba despedirse de la selva para visitar las Pampas, donde pudimos ver un montón de animales, como caimanes, capibaras, pirañas... Pero esta aventura mejor os lo cuenta Canelón, que viene con anécdota de guerra...
CONTINUARÁ...



DATOS PRÁCTICOS:
- Contratamos el Tour con la empresa Mashaquipe Ecotours, ¡muy recomendable! Experiencia auténtica,  muy buenos guías y comida deliciosa. 
- Volamos de La Paz a Rurrenabaque con Amaszonas,  que tiene vuelos diarios. Se puede comprar el billete por Internet pero en sus oficinas se consigue un mejor precio. Existe otra compañía un poco más barata, TAM, pero no sale todos los días. 
- Recomendamos llevar a la selva, frontal o linterna, antimosquitos, crema para el sol y bañador. Por favor, no hagáis pis en el agua, lo del bichito que se mete por la uretra no es una leyenda...
- Para mujeres: es importante que no os bañéis si tenéis el periodo,  si no queréis ser devoradas por las pirañas...

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10 comentarios:

  1. Joooooooo!!! Quiero una capibara!! Yo creo de deberiais volver. Para pasarlo así de mal...
    Anikito

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    1. Tienes que probar la selva Anikitooooo!!!! Muaksssss

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  2. Que apetecible todo,incluso las tarántulas,echo en falta el episodio de la pesca con más detalle supongo que algo tratará canelón, semana que viene es mi cumple,atentos porque la fundación Guillermo nieblas os ha apadrinado,semana que viene mas detalles muchos besos

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    1. Yo tuve la suerte de pescar dos peces, un pez gato y una deliciosa trucha! Pescamos a mano, utilizando larvas como carnada, y no era nada fácil, había que tener paciencia! Que intriga con eso del apadrinamiento, nos tienes en ascuas!!! Un abrazo grande!!!

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  3. Eso es contar bien lo de la selva Canela, que dan ganas de agarrar un avión y plantarse ahí y eso que soy una cagueta! Qué tal llevaste lo de los malditos roedores??

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    1. Fue una experiencia increíble!!! Estoy segura que la disfrutarías mucho!!! Los capibara son bonitos, nada que ver con las asquerosas ratas... un besazo!!

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  4. Por un momento he sentido el silencio en la selva, apagando los frontales...que paz...
    Seguir así que nos encanta leeros y ver que os va muy bien, y a la vez, aprender con vosotros.
    Muchos Musus.
    Maitane

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    1. Eso era una pasada!!! Estábamos rodeados de animales salvajes pero no sentías miedo, sino paz. Maravilloso!!! Un musu fuerte!!!

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  5. Sois unos jabatos, además de interesantes en vuestras explicaciones y comentarios a la vuelta de Castro, lo estoy pasando de cine con vuestro blog. un abrazo fuertísimo . La piraña de Zior en la foto es genial

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    1. Un beso tia Esther!!! Este Canelón me saca haciendo el gamberro...

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