martes, 18 de febrero de 2014

DE VIAJE POR NEPAL...

Mochila en la espalda, pasaporte en regla y con muchas ganas, viajamos a Nepal en abril de 2011. Fue una buena época para visitar el país, pues no necesitamos sacar los chubasqueros, y aunque los paraguas habitaban las calles para resguardarse del sol, tampoco nos hizo un calor asfixiante. Eso sí, ¡meted crema en la mochila!
Por si os lo estáis preguntado, la temporada seca en Nepal va de octubre a mayo, y la de lluvias de junio a septiembre, pero como no somos la Lonely Planet, tenéis más información aquí.
Nuestro viaje comenzó en Katmandú, su capital. Una de las cosas que más sorprende al llegar, es el caos. Un caos de sonidos de claxon atravesándote el tímpano, de coches entrelazándose en los cruces, de personas montadas en las motos como fichas de dominó, unas detrás de las otras, hasta llegar a cuatro. Basura por las calles, y gente, mucho gentío. Hay a quien le agobia, y también a quién le atrapa... Quizá lo que mejor simbolice a la caótica Katmandú, sea esta maraña de cables, abrazándose los unos a los otros. Un espectáculo que se mereció más de un click de nuestra cámara fotográfica...
Pero no todo en Nepal es bullicio... Pokhara es un lugar tranquilo, en el que puedes disfrutar de un precioso atardecer con una cerveza nepalí (nosotros siempre consumimos cerveza local, ¡y esperamos que tú hagas lo mismo!). O madrugar para hacerte una excursión a Sarangkot y ver amanecer desde allí...
En nuestra visita a Bhaktapur, quedamos embelesados por esos edificios tan antiguos, hechos con madera y fieles a la arquitectura newarí. También sus tiendas y habitantes, y el intenso color de sus comidas se ganaron varias fotos como éstas:
 En Patan, pudimos contemplar la histórica plaza Durbar, además de aprender que no todas las pescaderías tienen paredes...
También visitamos algo así como la Varanasi nepalí, en donde pudimos oler la muerte, literalmente... 
 Como no somos ni Juanito Oiarzabal ni Edurne Pasaban, en lugar de subir el emblemático Everest, decidimos sobrevolarlo en avioneta. Tener la sensación de casi poder tocar los gigantes del Himalaya fue una experiencia inolvidable.
Otra visita que jamás olvidaremos, fue la que hicimos a los refugiados tibetanos. Una gente maravillosa, que no dudaron en abrirnos las humildes puertas de su casa para dejarnos hacer pipí a cambio de nada. Allí probamos los delicioso mommos, tan típicos de Nepal y Tíbet. 
Nepal es un país que ofrece muchas posibilidades al visitante, y es que también tiene sitio para la naturaleza. En el Parque Nacional de Chitwan, podréis estar a tan solo dos metros de un rinoceronte, de un elefante salvaje, o de un cocodrilo... (no tenemos foto de este último, pero damos fe de que es un bicharraco enorme, ¡y nosotros montados en una canoa que no era más que un tronco de árbol vaciado! El cocodrile nos pasó tan cerca que se me paró la respiración y todo...)

 Quizá nuestra única queja sea que en Nepal tienes que pagar una entrada para poder acceder a los distintos pueblos o ciudades, a aparte de museos, stuppas y demás.... Vamos, que tienes la sensación de pagar por todo, lo que hace que al principio te agobies un poco y te enfades al sacar la cartera. Pero, por lo demás, es un destino seguro y con muchos atractivos.

Si te has quedado con ganas de ver más fotos, ¡puedes pasarte por aquí y ver algunas más!

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2 comentarios:

  1. Uffffffff que chulada de viaje, queda pendiente...

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  2. Buahhhhhhhhhhhhhh! Envidia...

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MIL GRACIAS POR COMENTAR!!! Intentaremos responderte, aunque no sabemos cuando...